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La importancia de consultar a un nutricionista en los primeros mil días

Actualmente, el rol del nutricionista ha tomado mayor relevancia. El estado nutricional de una mujer durante los primeros mil días de vida puede beneficiar o desfavorecer la salud del bebé.

 

Desde la concepción, comienza un proceso de adaptación y cambio que transforma física, psíquica y emocionalmente a toda madre. La vida cotidiana se modifica en torno al nuevo integrante de la familia y se busca brindarle lo mejor para su crecimiento.

En la actualidad, el rol del nutricionista ha tomado mayor relevancia, ya que se ha descubierto que el estado nutricional de una mujer durante los primeros mil días de vida puede beneficiar o desfavorecer la salud del bebé.

Para prevenir enfermedades no congénitas es fundamental una alimentación equilibrada que satisfaga las necesidades nutricionales extras que se presentan en el embarazo y durante la lactancia. Por ejemplo, los nutricionistas sugieren que las mujeres embarazadas incorporen 3 vasos de leche o yogur por día, para cubrir las necesidades propias y del bebé.

No sólo es importante prestar atención a la calidad de los alimentos que se ingieren, sino que también se aconseja controlar su estado para prevenir enfermedades. Todos los alimentos que se consuman deben ser frescos, limpios, se debe mantener la cadena de frío y se recomienda realizar cocciones completas para el huevo y todo tipo de carne.

Lograr una alimentación rica en nutrientes requiere, además de sostener en el tiempo hábitos saludables, del seguimiento de médicos profesionales. Aunque esté muy difundida en la comunidad científica la importancia de una alimentación saludable en los primeros mil días, no es frecuente que los doctores recomienden una consulta con una nutricionista. Estudios realizados por PROINUT dan cuenta que el seguimiento de un nutricionista favorece la adquisición de nutrientes necesarios para cada etapa dentro de los mil días.

Planificar una dieta nutritiva, tanto en el embarazo como en la lactancia materna, implica directamente mejorar la calidad de vida presente y futura del bebé.

Los primeros mil días son una oportunidad para incorporar hábitos alimentarios saludables con el respaldo y recomendación de profesionales de la salud.

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