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548 días de alimentación complementaria

A partir de los seis meses se inicia una alimentación complementaria a la lactancia exclusiva porque el bebé está preparado para comenzar a ingerir alimentos semisólidos.

 

La alimentación del bebé, desde su concepción hasta los seis meses de vida depende principalmente de los hábitos alimenticios de la madre. Primero la placenta y luego la leche materna constituyen las dos fuentes nutritivas fundamentales para su crecimiento y desarrollo dado a que ambas se adaptan a las necesidades nutricionales del bebé.

A partir de los seis meses se inicia una alimentación complementaria a la lactancia exclusiva porque el bebé está preparado, desde el punto de vista del desarrollo, para comenzar a ingerir alimentos semisólidos. Cabe aclarar que la incorporación de comidas no implica la interrupción del amamantamiento, todo lo contrario, es recomendado amamantar hasta los dos años del niño para garantizar la ingesta de nutrientes fundamentales.

La comunidad médica recomienda que la alimentación complementaria sea oportuna, es decir comenzar a los seis meses de vida, sea adecuada para su edad en cantidad y calidad nutritiva, y segura, por lo tanto los alimentos deben acondicionarse para prevenir enfermedades.

Las papillas para bebés tienen una consistencia semisólida ideal para las primeras comidas y a medida que pase el tiempo, se debe incrementar de forma paulatina las texturas, los sabores, la energía y el contenido de fibra.

Para garantizar la incorporación de nutrientes, minerales, vitaminas y energía necesarios el niño debe ingerir por día alimentos de –por lo menos- 4 grupos alimentarios como lácteos, carnes, frutas y verduras, legumbres y cereales, entre otras. Consultá con tu médico o nutricionista ante cualquier duda.

De los seis meses hasta los dos años el bebé transita una etapa vulnerable ya que su crecimiento y su salud pueden verse comprometidos fruto de una mala nutrición. Una alimentación deficiente tiene efectos a corto y largo plazo que son difícilmente reversibles.

Concientizar a las madres sobre cómo debe ser la consistencia de los alimentos, su variedad, sus cantidades y frecuencia puede contribuir a reducir el riesgo de mala alimentación y sus consecuencias como la desnutrición y la obesidad infantil.

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